MARÍA JOSÉ ORTEGA DE TORO
Vicente Aparicio Martínez nace en Martos (Jaén) en 1912. Desde muy pequeño sintió la necesidad de servir a Dios a través de la ayuda incondicional a los demás. Para ello decidió ingresar en la Compañía de Jesús y hacerse misionero. Su intención se vio truncada con el comienzo de la guerra civil española, siendo detenido durante varios años en la catedral de Jaén. Una vez restablecida la libertad religiosa en España, Vicente ingresa en la Compañía y es enviado a Hiroshima para ayudar a los supervivientes de la bomba atómica caída en 1945.
En Japón trabajará junto al padre Arrupe, una de las figuras más importantes de los jesuitas, llevando a cabo una labor de reconstrucción y enseñanza encomiable. En 1952 viajará junto a él a Tokio y allí iniciará una serie de actividades comerciales internacionales que supondrán la obtención de fondos para desarrollar trabajos para los más necesitados en Asia. Su labor fue reconocida por el embajador español en Japón y tras su muerte en 1981, sus familiares recibieron multitud de cartas reconociendo la importante labor emprendida por este desconocido, pero gran hombre cuya biografía merece ser conocida.