RAMÓN PARRA IBÁÑEZ
EL CUERPO SUTIL es el relato de una combustión: arde el amor, la luz de agosto, las manos, arden los mismos pronombre; y el fuego es a la vez deseo, consunción e inicio metamórfico. En el centro, el cuerpo: no objeto sino sujeto, moral, firma y perfil, herramienta de un conocimiento primigenio que excede la razón. Alrededor, Lisboa, ciudad nunca nombrada, hecha de plazas de oval indiferencia, estatuas que miran, balcones donde el sol se espejea, la luz vertical del mediodía; más allá de la dermis, los sedimentos de la infancia, la memoria que se levanta como polvo de herrumbre.